WORLD DATA SERVICE, 6/2/2004.-
En medio de un peculiar ambiente de publicidad política, especialmente
en la ciudad de Miami, abogados de poderosos sectores cubanoamericanos
en Estados Unidos están tratando de utilizar el caso de un automóvil
Buick flotante, tripulado por inmigrantes ilegales cubanos e
interceptado en el mar por el servicio de guardacostas norteamericano,
como un elemento contra los tratados migratorios cubano-estadounidenses,
vigentes desde 1994 y 1995.
El viejo automóvil fue
adaptado por sus propietarios de La Habana a las condiciones de navegación
y lanzado con 11 personas a bordo, entre estas varios niños, al
peligroso Estrecho de la Florida, franja marítima de unos 180 kilómetros
que separa los dos países y donde ha perecido un número indeterminado
de cubanos tratando de llegar clandestinamente a las costas
norteamericanas.
De acuerdo con los convenios
vigentes al respecto entre La Habana y Washington, los tripulantes del
automóvil flotante deber ser devueltos a su patria. Incluso no pueden
acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, una legislación vigente desde 1966
en Estados Unidos que garantiza visas de estancia en ese país a
aquellos cubanos que logren pisar tierra de la Unión Americana tras sus
azarosos viajes.
No obstante, la considerable
publicidad brindada al caso del Buick llevó a los guardacostas a, al
parecer, analizar con "más detenimiento" el caso, abriendo un
paréntesis que quiere ser aprovechado por los cubanoamericanos
anticastristas, encabezados por sus legisladores en el congreso en
Washington, Ilena Ros-Lethinen y Lincoln Díaz Balart.
Uno de los autores de la
adaptación del automóvil y tripulante del mismo, Luis Grass, de Ciudad
de La Habana, ya tenía una visa para emigrar a Estados Unidos en el
momento en el cual abordó el vehículo, lo que hace pensar en un
esfuerzo por su parte de afanes publicitarios.
Grass y otras personas ya habían
sido devueltos a Cuba el año pasado por el servicio de guardacostas
norteamericano al ser atrapados en el mar tripulando un camión de
fabricación norteamericana también adaptado a condiciones de
flotabilidad. Por ello fueron bautizados por la prensa de Miami como
"camionautas".
Esta vez el diario El Nuevo
Herald, de Miami, dijo que la acción legal iniciada en Washington
"podría decidir el destino" de los viajeros ilegales del
Buick a partir de una moción de emergencia presentada por abogados para
tratar de impedir la repatriación de las 11 personas interceptadas en
alta mar y "revisar los procedimientos seguidos ante las
solicitudes de refugio político".
La petición fue presentada el
jueves ante un tribunal federal de Miami, y solicita al juez Federico
Moreno que expida una orden urgente para detener la deportación de los
cubanos hasta que no se emita una decisión judicial sobre el caso, dijo
el Herald.
Mientras tanto, y según los
datos públicos hasta el momento de escribirse estas líneas, los 11
indocumentados cubanos estaban retenidos en un escampavías del Servicio
Guardacostas. El Buick fue hundido por los guardacostas.
La afirmación clave de la
demanda judicial que señala la intención de "revisar la política
seguida en las entrevistas que se conducen en alta mar para determinar
el "miedo creíble de persecución" si la persona es retornada
a su país de origen", es uno de los elementos cubanoamericanos
para oponerse a los acuerdos migratorios cubano-norteamericanos.
El juez Moreno fijó una
audiencia para la tarde de este viernes con el fin de "ventilar la
petición".
Díaz Balart, por su parte,
envió una carta al subsecretario de Estado para asuntos hemisféricos,
Roger Noriega, para interceder por los "carronautas", tal como
han sido bautizados ahora.
Noriega es uno de los
funcionarios del gobierno de George W. Bush que más ha atacado a Cuba
en las últimas semanas.
El legislador -un
anticastrista extremista- pidió a Noriega una acción inmediata
"para asegurar que la familia Grass no sea repatriada", y que
"al menos sean llevados a (la base naval estadounidense de) Guantánamo
como refugiados", dijo el Herald.
Pese a su enfática línea
anticubana, la administración Bush ha expuesto frecuentemente en las últimas
semanas su decisión de mantener los acuerdos migratorios con Cuba, a
los cuales ve como un elemento fundamental en la protección de sus
costas.
Sin embargo, Washington
suspendió la más reciente ronda de análisis de la marcha de esos
convenios que debieron celebrar ambos gobiernos.
Esa decisión fue relacionada
con la intención de Bush de aliviar cualquier tensión con los
cubanoamericanos anticastristas extremistas, a los que necesita para su
reelección en los comicios presidenciales de noviembre próximo.
RL/FM